Este libro, uno de los últimos de la extensa bibliografía de Rex Stout (más de 50 títulos), se publicó por primera vez en 1965, tras haber finalizado la “caza de brujas” lanzada por el senador republicano Joseph McCarthy, cuya obsesión ultraderechista terminó por inspirar este texto. El escritor figuró en las listas negras de esa persecución, al igual que sus también célebres colegas Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Pero el personaje que le dio fama mundial, Nero Wolfe, no tiene nada en común con Philip Marlowe y Sam Spade: es un hombre obeso (140 kilos), le gusta vivir bien, cultiva carísimas orquídeas y casi no sale nunca de su casa, habitada asimismo por un extraño chef y otro colaborador. Sólo aporta ideas para la acción, emprendida por Archie Goodwin, su ayudante y relator de todas las historias. O sea que a Wolfe hay que ir a verlo, si a alguien se le ocurre solicitar los servicios del mejor detective de Nueva York.
Es lo que hace Rachel Brunner, una acaudalada viuda, quien pone sobre el escritorio del investigador un cheque por 100 mil dólares. Es una cifra tentadora (el dinero es otro atractivo al que aquél no es indiferente), pero el trabajo por realizar consiste en impedir que el FBI siga acosándola. Wolfe le hace notar el formidable poder de la institución, un blindaje casi imposible de ser vulnerado. Sin embargo, al otro día acepta, al ser informado por un policía, informante suyo, que el FBI no sólo también lo tiene a él en la mira, sino que ha instalado micrófonos en su vivienda e intervenido sus teléfonos, y que el próximo paso será encontrar algo incriminatorio en su actividad para prohibirle, a él y a Goodwin, que sigan desempeñándola.
Al encarar la tarea encomendada por Brunner, se entera de que un hombre que escribe notas para revistas ha sido asesinado cuando preparaba una sobre los procedimientos oscuros del FBI, de modo que la probabilidad de que el organismo haya tenido injerencia en el crimen le da al detective una vía de maniobra. En una vertiginosa sucesión de hechos, logra identificar al autor del crimen y, desde esa fuerte posición, la emprende en forma más directa contra el FBI. La celada que le tiende a cuatro de sus miembros es una desopilante secuencia, una joya pocas veces hallable en una obra del género. Finalmente, el grupo celebra el exitoso desempeño.
A lo Wolfe, por supuesto: cena de primer nivel y añejo vino francés.
Es lo que hace Rachel Brunner, una acaudalada viuda, quien pone sobre el escritorio del investigador un cheque por 100 mil dólares. Es una cifra tentadora (el dinero es otro atractivo al que aquél no es indiferente), pero el trabajo por realizar consiste en impedir que el FBI siga acosándola. Wolfe le hace notar el formidable poder de la institución, un blindaje casi imposible de ser vulnerado. Sin embargo, al otro día acepta, al ser informado por un policía, informante suyo, que el FBI no sólo también lo tiene a él en la mira, sino que ha instalado micrófonos en su vivienda e intervenido sus teléfonos, y que el próximo paso será encontrar algo incriminatorio en su actividad para prohibirle, a él y a Goodwin, que sigan desempeñándola.
Al encarar la tarea encomendada por Brunner, se entera de que un hombre que escribe notas para revistas ha sido asesinado cuando preparaba una sobre los procedimientos oscuros del FBI, de modo que la probabilidad de que el organismo haya tenido injerencia en el crimen le da al detective una vía de maniobra. En una vertiginosa sucesión de hechos, logra identificar al autor del crimen y, desde esa fuerte posición, la emprende en forma más directa contra el FBI. La celada que le tiende a cuatro de sus miembros es una desopilante secuencia, una joya pocas veces hallable en una obra del género. Finalmente, el grupo celebra el exitoso desempeño.
A lo Wolfe, por supuesto: cena de primer nivel y añejo vino francés.
Rex Stout
Ed. Navona , Barcelona, España
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